Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

7 de abril de 2013

Escribiendo

No empezaré este relato casi autobiográfico diciendo querido diario...aunque lo acabo de hacer. Pero sí quiero iniciar diciendo cuando empecé a escribir y qué me motivó a hacerlo.

Comencé a escribir a partir del 2005 luego del fallecimiento de mi padre. En mi mente luego de ese momento la idea de la muerte se volvió algo recurrente que me movía las neuronas y de alguna manera trabajaban para que en un papel se plasme la señora de la guadaña.

Casi todos los personajes de mis relatos morían de alguna manera, sea trágica o por causas naturales. No soy de los que escriben mucho acerca del amor. Es muy difícil para mí. Es más fácil para mí crear un relato que tenga como base el desamor y la muerte.

No pretendo ser negativo o pesimista con respecto al amor, pero digamos que a pesar que he conocido algunas mujeres interesantes, por decirlo de alguna manera, nunca me he enamorado de verdad. Siempre la ilusión se apoderaba de mí y eso era el inicio del desamor. 

Escribir sobre uno de los sentimientos mas extraños, complejos y a veces casi inalcanzable, para algunos, pero hermoso, es algo complejo. Y tengo que admitir que este micro relato fue motivado por algo que una amiga muy cercana me dijo sobre este sentimiento que aún no he experimentado a su plenitud.

Quiero agregar que me han dicho homosexual, raro, acomplejado, anormal, idiota, loco, iluso, etc. durante muchos años. Y muchos de esos adjetivos venían de una persona a la cual admiraba de niño. Mi primo hermano llamado Ego.


El murió hace 15 años, pero a pesar que ya no esta físicamente conmigo a veces siento su presencia y veo su rostro en las personas llenas de Ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza y gula. Personas que luego se convierten en personajes de mis relatos. Eso es lo bueno que él me dejó de "herencia".

No soy escritor, solo un aprendiz. Y este blog es una muestra de lo que me gusta hacer y nunca debí abandonar. Uno de mis sueños es publicar un libro o más, quizás lo logre, quizás no. En realidad no importa cuál será el futuro. Pelearé por cumplir mi sueño. Pero todo finalmente lo dejo en manos de Dios.

24 de abril de 2011

Lágrima

Lo que escribo es el resultado de un mal día. Un día en el cual mi corazón se llenó de veneno. Era una maldita y fría mañana de agosto. Ese día mi sensatez se fue a la mierda. Y por primera vez fui consciente que, con cada día que pasaba, la poca cordura que tenía se desvanecía poco a poco.
Las probabilidades de que esta enfermedad se aleje algún día de mí  son casi nulas. Mi enfermedad es mi cruz y con ella debo cargar probablemente el resto de mi vida.
Me llamo Andrés y sufro de trastorno maniaco depresivo, malditas  tres palabras que me dijo mi psiquiatra la primera vez que lo visité en su consultorio. Desde aquel momento mi cuerpo se comenzó a llenar de pastillas. Aún sigo engañando a mi mente con esta maldita dependencia a los fármacos para así poder controlar mi depresión. Pero aquel 9 de agosto, dos días después de mi primera consulta con mi psiquiatra, mi alma, mi mente y mi corazón se llenaron de una de las peores drogas, un fármaco autodestructivo, una droga llamada rencor.
Ese día de agosto discutí horriblemente con Alberto. Días después le comenté esto a una amiga y ella me dijo: “No te preocupes, todo se solucionará. Esto quedará en el olvido”. Esas palabras no fueron consuelo para mí.
No creo que la basura se deba barrer debajo de la alfombra para dejar limpia una casa. Mi hogar aquel día fue ensuciado con una tonta discusión con Alberto. Ni la mejor aspiradora del mundo podría haber limpiado tremenda suciedad llena de insultos de ambos lados. Sucedió en mi habitación y tuvo de testigos a mi madre y a mi sobrino Rafael de 8 años de edad. Vagamente recuerdo el motivo de la pelea. Pero si recuerdo a mi sobrino con el rostro de pánico y a mi madre gritando “Basta ya, por favor” mientras lloraba amargamente. Aquella era una bizarra escena, una discusión que se transformó en un pelea verbal entre Alberto de 36 años y yo de 33. Después de aquel incidente, nunca más volvimos a hablarnos. El rencor se apoderó de mí durante años.
Diez años después de aquel incidente, mientras Alberto era enterrado en aquel cementerio, Rafael me miró directo a los ojos y me dijo: ¿Tío, por qué insultaste a mi padre el día de mi cumpleaños? Busqué el cielo buscando culpar a Dios, culpé en silencio a mi enfermedad, contemple el suelo  buscando al demonio que se apoderó de mí aquel día. Y ahí, teniendo a mi sobrino y mi madre de testigos, además  de otros familiares, una pesada lágrima resbaló de mi rostro y cayó en  el féretro de mi hermano.

13 de diciembre de 2010

Navidad 1987

Es mediodía y me encuentro echado en mi cama haciendo “zapping” (saltando programación o canales en la televisión) pero nada me llama la atención. Luego de varios minutos de jugar con el control remoto me detengo en un canal donde veo aparecer a una mujer, informando acerca del pronóstico del clima, la mujer que habla es una chica trigueña de cuerpo anoréxico, con una mirada pérdida y una sonrisa tonta como si se hubiera fumado un porro.

-¿Qué porquerías fuman en ese canal? – me pregunté

Lo mas curioso del espectáculo televisivo, es que la mujer decía dos palabras y se quedaba callada, como si decir que iba a hacer calor o frío fuera algo tan complicado como decir el alfabeto griego de adelante para atrás en menos de 10 segundos (por poner un ejemplo).

El teléfono suena pero no tengo ganas de contestar, cada timbrada era como si un martillo golpeara mi cabeza. Tengo un gran dolor de cabeza y tanta pereza que el solo hecho de pensar en estirar mi brazo para alcanzar el teléfono que se encuentra a unos 15 centímetros de mi cama, en mi mesa de noche, me provoca cansancio.

-¡Hola!- contesto el teléfono con gran desgano, después de la décima timbrada.

-Oe, huevón…. ¿todavía estas “jateando” (durmiendo)?- dice una voz que reconozco al instante.

-¿Que quieres panzón de mierda?- le respondo en tono de broma.

-Oe compare, te estoy esperando desde las 7 am en mi “jato” (casa)-

-¡Ta mare! me había olvidado; ahorita voy para allá-

Un día antes de aquel día de resaca absoluta, fui a tomar unos cuantos tragos con un compañero y amigo de mi colegio (donde estudié primaria y secundaria) para celebrar el día del trabajo, pero no pensé en aquel momento que ese vino barato y adulterado me iba a joder tanto la cabeza al día siguiente, en realidad llevaba muchos meses sin tomar alcohol y ya había olvidado lo horrible que era una resaca. Andrés me había pedido ese mismo día que le hiciera el gran favor de ayudarlo a mudarse a su departamento pero cuando me llamo por teléfono ya me encontraba en la segunda botella de vino y a duras penas recordaba mi nombre, así que respondí que sí pero sin entender la petición de Andrés.

Mi amigo Andrés me pregunto si podía ayudarle a cargar unas cuantas cajitas llenas de cosas de la casa de sus padres hacia su nuevo departamento pero lo había olvidado por completo debido a los estragos que había causado el alcohol en mi cerebro, específicamente en mi memoria, el día 1º de Mayo.

Después de recordar lo que Andrés me había pedido el día anterior, me bañe con agua muy fría para poder quitarme cualquier molestia física provocada por el alcohol. Luego del baño reparador, me sentí mas relajado y con ganas de levantar varias cajas a la vez, pero cuando llegué a la casa de los padres de Andrés y vi que en la puerta de la casa habían como cincuenta cajas de unos 20 Kg cada una, sentí que el valor y fortaleza (de Popeye, el marino) que me habían poseído se hundieron mas rápido que el Titanic.

Andrés se asomó por la ventana de la casa, desde el segundo piso miro las cajas, luego me miro dibujando a la vez en su rostro, una sonrisa burlona. En el fondo creo que aquella petición de ayudarlo con la mudanza era su dulce venganza por haberme burlado de él una semana antes, cuando me dijo que se iba a mudar de la casa de sus viejos (padres).

-Estas “misionero” (no tener dinero), no tienes ni un centavo en los bolsillos y me dices que: ¿ya tienes departamento?- le dije esto soltando una gran carcajada una semana atrás.

Eran las 2pm, el calor era inclemente, y yo me encontraba cargando la caja número 10 hacia el pequeño camión de mudanzas. Los minutos se hacían interminables y conforme pasaba el tiempo sentía que las cajas pesaban un Kg cada vez más.

La curiosidad se apoderó de mí cuando cargué la caja número 13 y noté que era diferente a las demás. Esta caja estaba envuelta en papel de regalo y tenía una tarjeta navideña que colgaba de una pequeña soguita de color verde pegada a un costado de la caja, la tarjetita decía en letras doradas: “Para mi hermanito Andrés de parte de Lucas” y un poco mas abajo decía en letras muy pequeñas “Navidad de 1987”.

La caja tenía una forma irregular, como si hubiera sido aplastada por algo y era muchísimo mas liviana que las demás. Más pesaba mi curiosidad por saber que contenía esa caja así que le pregunté a Andrés.

-¿Qué contiene esta caja, Andrés?-

Andrés me miro de reojo mientras cargaba las demás cajas, permaneció en silencio simulando no haber escuchado mi pregunta. Andrés continuó cargando las cajas (esfuerzo solo comparable con el de las hormigas que cargan 50 veces su propio peso) hasta que el sol sofocante detuvo su trabajo.

-¿Viste a la flaquita que salió en el canal del clima?-

Me sorprendió su pregunta porque no tenía relación con la pregunta que le había hecho con respecto a la caja pero decidí seguirle el “juego”.

-Dijo que hoy por la tarde iba a hacer un calor del infierno y no se equivoco- respondí.

-Los pronósticos del tiempo no siempre son acertados pero así como predicen los eventos climatológicos ojala pudieran predecir otros eventos, como la muerte.

La verdad que al verlo sentado ahí en las gradas de la puerta principal de la casa de sus padres me hizo recordar a un acontecimiento similar que sucedió en la Navidad de 1996. Recuerdo que Andrés aquella Navidad cuando los fuegos artificiales iluminaban el cielo aquella noche, el se sentó en esas mismas gradas mirando hacia el suelo sin despegar los ojos de ahí durante el tiempo que duró la exhibición de luces en el cielo. Fue una especie de trance que duró unos cinco minutos, luego le desee Feliz Navidad y me retiré a mi casa para pasar la Navidad en familia.

-¿Sabes quien es Lucas?- me preguntó pero mirando al suelo.

Yo en el fondo sabía la respuesta pero una gran duda inundaba mi mente. Debido a que la tarjeta navideña decía hermano, era fácil deducir que Lucas era su hermano pero yo conocía a Andrés desde que tenía diez años, conocía a toda la familia que vivía en su casa y nunca supe que tenía un hermano.

-¿Tu hermano?- dije con cierta inseguridad en mi respuesta.

-Lucas era mi hermano gemelo, lo quise muchísimo y un día antes de Navidad en su lecho de muerte en aquella cama de hospital me pidió que por favor abriera su regalo de Navidad, el cual había envuelto con mucho cariño para mí.-

Yo escuchaba con atención la historia que me estaba contando Andrés, la cual me costaba creer debido a que nunca en la casa de mi amigo vi a otra persona igual a él. A pesar de ello seguí prestando oídos a la inverosímil historia del hermano gemelo.

-Lucas fue hospitalizado cuando tenía 11 años, exactamente el 24 de Diciembre de 1987, y ese mismo día falleció en la cama de un hospital, conectado a un respirador artificial y varios cables que estaban pegados a su cuerpo como si estos formarán parte de su frágil cuerpo.

Habían algunas cosas en el relato de Andrés que no tenían relación alguna con la realidad que yo conocía acerca de Andrés. Algunas de las cosas que me decía parecían sacadas de algún libro de ficción, lo cual me hacía plantearme algunas preguntas:

1º Andrés era hijo único, según lo que me informaron sus padres. ¿Cómo es posible que Andrés tuviera un hermano gemelo y que este supuesto hermano fuera negado por sus padres?

2º De haber tenido un hermano gemelo, lo habría visto alguna vez durante las muchas
visitas que realice al domicilio de sus padres. ¿Por qué nunca vi alguna prueba física de la existencia del hermano de Andrés en dicha casa? ¿Por qué nunca vi alguna foto de él o al mismísimo Lucas en persona dentro de la casa?

3º Según su documento de identidad, Andrés nació el 1 de Octubre de 1974. Si Lucas era su hermano gemelo se supone que ambos nacieron en 1974, entonces ¿Porque Lucas, el supuesto hermano gemelo de Andrés, falleció a los 11 años y no a los 13 si tomamos en cuenta la fecha de fallecimiento que fue el 24 de Diciembre de 1987?

A pesar que había mucha incoherencia en su relato, no quise hacerle preguntas acerca de los 3 puntos que acabo de mencionar con el fin de no crear demasiada confusión en la mente de mi amigo.

Luego de terminar de contar la historia acerca de su hermano gemelo, Andrés me dijo que ya era momento de abrir la caja. Así que procedió a romper el papel de regalo de color rojo (con dibujos de pequeñas estrellas por todos lados).

Mi sorpresa fue grande al ver que la caja solo contenía dos pequeños objetos en su interior: un lápiz sin punta y una pequeña libreta del tamaño de la palma de una mano con 50 páginas en blanco. Además algo curioso que noté luego de abierta la caja y al ver con detenimiento la tarjetita, que estaba adherida a esta, es que la letra que decía: “Para mi hermanito Andrés de parte de Lucas” era idéntica a la letra de Andrés.

-¿Es posible que los hermanos gemelos puedan escribir de la misma manera?- pensé.

Yo estaba 100% seguro que esa letra era la letra de Andrés, pero preferí no hacer mención alguna al respecto a mi amigo.

Luego de algunos minutos de silencio que parecían eternos, Andrés volvió a hablar para decir:

-¡Oe Cojudo! ¿Que hacemos sentados acá? vamos a seguir cargando las cajas; ¡Carajo!-

Yo solo le seguí el “juego” y simule que Andrés no había hecho comentario alguno acerca de su hermano gemelo y mucho menos abierto la caja. Así que por 10 minutos más seguimos cargando cajas al camión de mudanzas y terminados deshidratados por el calor que había intensificado su poder.

-Vamos a tomar algo helado adentro- dijo Andrés, con tono alegre.

-Si pero que no sean “chelas” por favor. No deseo saber nada de alcohol, mínimo hasta el día de mi cumpleaños – respondí, con el mismo tono alegre que Andrés.

Luego de reírnos de tonterías que habíamos pasado durante nuestra la niñez, Andrés hizo una pausa a nuestra divertida conversación, y se dirigió a la refrigeradora para sacar una botella de Inca Kola helada. El aire acondicionado de la casa sumado al esfuerzo de cargar cajas durante casi toda la tarde provocó en mí una pérdida gradual de fuerzas al punto de forzarme a quedarme dormido en el sofá de la sala.

Cuando desperté, me sentí muy desorientado, por un momento pensé que estaba aún en mi casa recuperándome de la resaca y que las cajas que había cargado eran solo producto de un mal sueño. Al levantarme del sofá sentí un fuerte dolor de espalda, brazos, piernas, etc; en resumen me dolía casi todo el cuerpo.

Lo primero que ví al levantarme de mi prolongado sueño era que el reloj de cuerda de la pared marcaban las 7de la noche.

-¿Tanto he dormido?- dije en voz alta.

-Sigue descansando, ambos han trabajado bastante y se merecen un descanso- dijo una voz femenina.

La voz era de la madre de Andrés que estaba ingresando a la casa luego de una larga
jornada de trabajo. Desde que la conocí, la señora Rocío siempre fue una mujer trabajadora, por tal motivo muy poco tiempo se le veía en casa pero siempre fue una madre que le dedico mucho tiempo y amor a su “único” hijo, Andrés.

A la señora Rocío no le molestaba mi presencia en casa pero me percaté que algo en la sala le había causado cierta molestia.

-¡Debí esconder mejor esa caja!- dijo esto mirando al suelo con rabia, donde se encontraba la caja de regalo abierta.

-Señora ha sido mi culpa, yo motivé a Andrés a abrir esa caja-

-No es tu culpa, ha sido mía-

Fue entonces que la señora empezó a contarme una historia que comenzó a aclarar muchas cosas con respecto a esa misteriosa caja, su contenido y el supuesto hermano gemelo.

La señora Rocío comenzó a contarme que mi gran amigo Andrés sufría un mal llamado trastorno de identidad disociativo (personalidad múltiple). “Lucas” era en realidad Andrés pero tenían personalidades diferentes, algo difícil de entender, debido a la complejidad de la mente pero en resumen Lucas nació de la mente de Andrés cuando tenía 13 años. Justo antes de Navidad, los padres de Andrés notaron un comportamiento extraño en él y decidieron internarlo en un hospital psiquiátrico debido a que Andrés (Lucas) adoptó una personalidad violenta, inclusive llego a amenazar con un cuchillo a su Padre.

El único recuerdo que guardaba la señora Rocío de aquel 24 de Diciembre de 1987 fue una caja que el mismo Andrés había envuelto, un día antes, en un papel de regalo y colocado junto al árbol navideño. En realidad los padres de Andrés no saben porque Andrés se transformó en el violento “Lucas” y envolvió en papel de regalo dos objetos, es decir la libreta y el lápiz sin punta.

La señora Rocío terminó de contar la historia diciendo que “Lucas” ahora estaba internado nuevamente en un hospital psiquiátrico o como lo llama Andrés, su nuevo departamento.

Al día siguiente, temprano por la mañana fui al hospital en busca de Andrés pero nadie en la recepción del hospital sabía en que habitación estaba, así que me aventuré a preguntarle a una enfermera:

-Srta. Enfermera, me podría decir por favor ¿donde se encuentra la habitación de “Lucas”…..?-

Y antes que le dijera el apellido, la enfermera me interrumpió:

-Yo estoy a cargo de su cuidado- dijo esto señalando una habitación, con poca iluminación en el exterior.

-Hoy no puede recibir visitas pero haré una excepción- dijo la enfermera.
Antes de atravesar la entrada de la habitación miré hacia arriba de la puerta semiabierta que tenía el número 13, escrito en una placa dorada.

-Vaya ironía de la vida- murmuré.

Fue triste ver a Andrés echado en aquella cama de hospital, sedado completamente y con apariencia indefensa (contraria a la personalidad de Lucas).
La madre de Andrés, me dijo que cuando fuera a verlo le entregara la caja con los dos objetos adentro. La señora Rocío pensó que tal vez la cura para su mal estaba ahí.

La señora Rocío no se equivocó porque luego de dejar a los pies de la cama esa extraña caja, que había permanecido escondida por años en el sótano de la casa, durante los días siguientes a mi visita, mi amigo presentó una gran mejoría y poco a poco conforme pasaban los días hasta convertirse en un año, Andrés había recuperado casi en su totalidad su verdadera personalidad. Al lápiz que había en la caja, le sacó punta y en la libreta escribió cortos relatos acerca de él, sus amigos y su familia.

Al año de haber sido internado en ese hospital, su padres lo acogieron en la casa nuevamente, que también era la casa de Andrés, para ese entonces sus padres lo habían ayudado a publicar un libro de relatos (que empezó en una libreta de apuntes) y que terminó ocupando un espacio en las librerías y en las mentes de los lectores.

11 de noviembre de 2010

La Habitación

Aquel frío cuarto, parcialmente construido en el tercer piso de la casa, me llamó la atención una noche de invierno. Y por una razón e impulso, que aún desconozco, me sentí atraído a levantarme de la calidez de mi cama para subir las escaleras, que hasta la fecha cuentan sin iluminación artificial alguna, pero no tenía miedo alguno de tropezarme con los escalones. Solo deseaba llegar al último escalón. En ese momento no me importó caminar descalzo sobre ese piso arenoso después de cruzar la entrada de aquel cuarto, tal vez debido a que desde niño ha sido una costumbre para mí caminar sin calzado y medias dentro de mi hogar.

Dicho cuarto a pesar que no cuenta con iluminación artificial alguna, igual que las escaleras que conducen a el, aquella noche estaba iluminado por una luna llena muy brillante y hermosa. La falta de un techo en este espacio inconcluso de mi casa me permitió contemplar por unos segundos mi sombra reflejada en el piso de aquel cuarto semi-abandonado. Como si me reflejo se tratara de una obra de arte esculpida por la luz de la luna, me quede contemplándola un buen rato, incluso llego por un instante a cruzarme por la mente la idea que esa sombra no era mía.

Ahí, solo en ese cuarto, pude sentir el aire húmedo y helado de la noche sin sentir frío a pesar de estar con una ropa de dormir de verano (contraria a la estación), luego me senté en un rincón del cuarto, cerré los ojos, puse mi mente en blanco y pude escuchar el sonido de la noche hasta que me quede dormido.

Cuando desperté tuve una leve sensación de desorientación, demoré unos segundos hasta darme cuenta que me encontraba en mi casa, sentado en un rincón, en pijama y descalzo dentro de una habitación sin techo, puertas y ventanas. Al despertarme, además, una sensación de paz muy grande se apodero de mi corazón, algo que hace muchos años atrás no sentía, era algo inexplicablemente increíble aquella sensación, la cual parecía venir de alguna parte de aquella habitación o tal vez de la luna llena que me observaba silenciosa.

El mismo desconocido impulso que me hizo levantarme de mi cama me llevo de vuelta a mi habitación, pero justo antes de pisar el primer peldaño que me llevaría hacia el segundo piso, oí un susurro que parecía provenir del viento, que me dijo: ¡Hijo! En ese instante los ojos se me humedecieron, porque reconocí esa voz lejana, cerré los ojos para contener las lágrimas, voltee a mirar la habitación y simplemente me limite a responder a aquella voz, diciendo: ¡Papá!

Durante una semana después de acontecido lo que acabo de relatar, pude vencer mi insomnio que me acompañó desde los 15 años de edad, y soñé dos veces con mi padre durante esa semana, pero a pesar que no recuerdo con exactitud los sueños, si recuerdo la misma sensación de paz que sentí cuando entre a aquella habitación. La habitación es la replica del cuarto de mi padre, pero inconclusa como inconclusas quedaron algunas cosas mas que hubiera querido aprender de él.

Creo que las obras físicas como una habitación pueden ser frías en este mundo terrenal, pero si alguien las mira con los ojos cerrados, calla su mente y pone a funcionar el corazón, puede entender el significado de muchas cosas maravillosas que están ahí a nuestro alrededor, pero que nos negamos ciegamente a verlas porque las vemos con la mente y no con el corazón. Padre, estas líneas acá presentes son para ti. La sombra eres tú, la habitación es una pequeña muestra que viviste en la tierra, el viento es tu voz y la habitación inconclusa la veo como la señal de continuar una obra (tus enseñanzas). Soy consciente de algo al escribir estas líneas: no soy ni la sombra de lo que fuiste en vida. Y a pesar que deje de creer en ángeles cuando tenía 12 años de edad, al mirar el cielo y observar la luna llena, siento como si fuera un niño otra vez y pienso en ellos, ángeles entre los cuales estás tú : mi ángel de la guarda.

5 de noviembre de 2010

Gritos en la madrugada

Eran las 4 am cuando escuché un grito desgarrador. La luna llena me ayudaba un poco a no caer en alguno de esos huecos llenos de agua lodosa.

Yo caminaba casi a ciegas buscando el origen de aquel pedido de auxilio.
Auxilio, ayúdenme por favor – decía una voz a lo lejos.

Caminaba con dificultad mientras mis pies se hundían en aquel terreno de barro con olor a muerte. A pesar del olor nauseabundo que desprendían las tumbas abiertas, yo luchaba por encontrar el origen de aquella voz. Era una mujer y de eso estaba seguro, pero no podía saber de donde provenía aquel pedido de ayuda.

Los minutos pasaban y mi preocupación iba en aumento. Y de repente a aquella voz se sumaron dos más.

-Aquí estoy, por favor ayúdenme- gritó un hombre.

-Saquenme de aquí, por favor- decía la voz de una mujer.

Las gritos de ayuda, de lamento incontrolable, se mezclaban en una de las noches más oscuras que había presenciado en mi vida. De pronto mi memoria daba un salto atrás en el tiempo y recordaba que horas antes estaba sentado frente a mi televisor viendo las noticias.

Un señor de saco y corbata con cara de preocupación decía que un alud (huayco) había llegado al pueblo de San Miguel. Y al principio pensé que era una broma de mal gusto, pero las imágenes que veía eran en la televisión eran una cruda realidad; miles de cuerpos mutilados, putrefactos y sepultados bajo tierra habían salido de sus tumbas.

El poder de la naturaleza había arrasado con medio pueblo y a su paso el alud de lodo, piedras y troncos había desenterrado un cementerio que horas atrás lucía en paz.

Aquel cementerio en medio de las tinieblas, con muertos flotando en medio de personas vivas, era un lugar tenebroso sacado de alguna película de terror.
Los seres vivos, en medio de los cadáveres, clamaban por ayuda. Fue en ese momento que me sentía la persona más impotente del mundo. Quería rescatar a aquellas personas que rompían el silencio de la madrugada, pero no podía ver donde estas se encontraban.

Mi corazón palpitaba a mil por hora mientras los lamentos se incrementaban. Mi cabeza parecía que estaba a punto de estallar y mis piernas parecían que iban a desaparecer dentro del lodo.

Un grito se sumó al de ellos. Grité con toda mi alma y este retumbó en cada rincón de aquel cementerio en ruinas. La tierra estaba reclamando mi cuerpo que vió por primera vez la luz de la vida 30 años atrás. Poco a poco mis piernas desaparecían de mi vista y la oscuridad llegaba. Un dolor intenso comenzaba a crecer en mi pecho. Mañana seré parte de un titular en algún diario sensacionalista, pensé.

La vida se me escapaba. Sentía que las esperanzas de sobrevivir se reducían poco a poco. Cada vez mi cuerpo se sumergía más en ese asqueroso agujero hasta que quedé sepultado.

Sentí una falta de oxígeno. Dí un grito desgarrador y fue en ese momento que me desperté y pude ver la luz del sol. Ante mí un sacerdote rezaba frente a una féretro. Decenas de personas me miraban con asombro, incluyendo a mi madre. Y lo único que atiné a decir en aquel embarazoso momento fue: “Abuelo, perdóname por dormirme en tu entierro. ..Amén”.

25 de octubre de 2010

Mi Jefa

El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a trabajar nada más levantarnos y no deja de funcionar hasta entrar en la oficina.
Robert Lee Frost (1874-1963) Poeta estadounidense.

Ella estaba sentada detrás de un viejo escritorio metálico. Hablaba de muchas cosas que yo no comprendía; un puñado de empleados oíamos acerca de los beneficios de trabajar en una entidad financiera de gran prestigio. Cuando terminó su breve discurso de capacitación, me acerqué a ella y le dije que no entendía algunos de los puntos que había tocado en su breve exposición. Por supuesto que mis preguntas no eran mas que un pretexto para escuchar una vez mas su seductora voz. Apenas pude concentrarme en la respuesta que me dio. Me bastó observar esos carnosos labios color carmesí, moviéndose al ritmo de las palabras, para sentirme extasiado. Desde aquel momento, por una misteriosa razón, me propuse conquistar su corazón. Ella tenía treinta años de edad y yo veinte, pero esto no me representaba un problema. Los mayores inconvenientes eran que: estaba casada y, además, era mi jefa.

La mañana siguiente llegué muy temprano a trabajar. Mi emoción por verla era tan grande que llegué puntual a mi centro de labores como nunca antes lo había hecho. Mi jefa estaba encerrada en su oficina. Y parecía ser una persona totalmente diferente a la que ví el día anterior. No era la mujer que había hablado con gran elocuencia a sus trabajadores, si no todo lo contrario; gritaba a aquellos que tenían la osadía de ingresar a su oficina. Deseaba atravesar esa infranqueable puerta, pero el miedo de caer en el mismo error, que habían cometido mis compañeros de trabajo, me hizo desistir.

Al salir de su pequeño recinto, me sorprendí cuando me dijo que quería desayunar conmigo. Yo solo me limité a asentir con la cabeza ante la repentina invitación. Mientras caminábamos a la pequeña cafetería situada a una cuadra del trabajo, el silencio permaneció presente entre los dos. No sé si ella se sentía incomoda por no decirme palabra alguna, pero yo me veía como un tonto por no poder hablarle.

Cuando llegamos a ese lugar, con intenso olor a pan con pollo y café, me hizo una propuesta que me dejo helado. Me dijo que iba a necesitar de alguien para que ocupara su puesto dentro de la empresa. Había pensado en mí como sustituto.

-¿Aceptas? –me dijo ella.

En aquel momento mi cuerpo se paralizó. Mis manos comenzaron a sudar. Además, sentía que un gran peso había caído súbitamente sobre mis hombros.; era una gran responsabilidad para alguien que llevaba solo un mes trabajando para la empresa. La inseguridad y confusión se apoderaron de mí. Debía pensar en una respuesta y esta llegó luego de tomar un sorbo de café y darle una mordida a mi pan.

-Sí, lo haré –le dije.

Al escuchar mi respuesta, ella me lanzó una sonrisa al mismo tiempo que se acariciaba su ensortijado cabello castaño. Aquel ser casi celestial, de quien me había enamorado desde que empecé a trabajar, me estaba otorgando la oportunidad de tener una mejor posición laboral. El entusiasmo del momento me llevó a un mundo de quimera. Sentía que mi corazón estaba a punto de salir de mi pecho al tiempo que mi mente fantaseaba con esa hermosa mujer. La oferta había pasado a segundo plano en mí desconcertada cabeza; en ella la veía completamente desnuda y tendida en la cama de mi departamento.

La realidad era que ella estaba ante mí, completamente vestida y con una mirada de felicidad dibujada en el rostro, mientras cubría de monedas la mano extendida del mozo. Ganas no me faltaban de decirle una cursi frase como: “Me gustas mucho, quisiera comerte a besos”. Felizmente, fui lo suficiente inteligente como para no soltar tremenda barrabasada en aquel instante. Tenía que tomarme mi tiempo y buscar el momento indicado para decirle lo que sentía. Aquello que llevaba anidado en mi corazón treinta días.

De camino al trabajo, yo permanecí detrás de ella como un perro guardián ante la atenta mirada de los hombres que veían su hermosa figura transitar. Ella solo se limitaba a sonreír ante los piropos que le lanzaban. Mis oídos tuvieron que soportar desde “mamacita que rica que estás” hasta frases que rozaban con lo ofensivo. Ella sabía lo que tenía, era una mujer bella, y entendía perfectamente la actitud de aquellas personas que la veían caminar de manera tan sugerente por la calle.

Cuando llegamos, me ofreció algo que estaba vetado para la mayoría de sus subordinados.

-Pasa Lucho y toma asiento –me dijo con voz acaramelada.

Ingresar a su oficina era un privilegio solo reservado para empleados de su entera confianza. En ese instante, cuando crucé la puerta prohibida, me preguntaba si yo era digno de recibir tan alta estima. En ese reducido pero elegante recinto, mis ojos comenzaron a recorrer rápidamente las paredes saturadas de fotos enmarcadas con mucho cuidado; los filos dorados de madera encerraban imágenes de señores, vestidos de terno y corbata, quienes sonreían junto a mi jefa en diferentes lugares reservados solo para gente adinerada. De repente, el timbre de su celular sonó y me alejó del trance.


-Disculpa, es mi esposo –me dijo, mientras contestaba la llamada.

Mientras yo permanecía ahí, sentado muy cerca de mi amor platónico, me convertí en testigo de una tranquila conversación que luego se convirtió en una acalorada discusión. Los insultos comenzaron a salir disparados de su boca, golpearon las cuatro paredes y me hacían retumbar los tímpanos. La voz acaramelada se había esfumado, como por arte de magia, y esta había sido reemplazada por una totalmente destemplada. Con ansias esperaba que colgara el teléfono pronto, pero los minutos pasaban y las palabrotas iban en aumento hasta que algo sucedió.

-Amor lo siento, estoy muy tensa. Perdóname, es el trabajo. –dijo ella, mientras se secaba las lágrimas de sus enormes y hermosos ojos verdes.

Pobre mujer, se le veía devastada emocionalmente mientras sollozaba y pedía perdón. ¿Perdón? Esa maldita palabra me destrozó el corazón y echó al drenaje cualquier posibilidad de conquistarla. La conversación que había empezado en una bronca que parecía llevar consigo la palabra “divorcio” se convirtió, de repente, en una reconciliación. Sus ojos, humedecidos por la rabia y tristeza, comenzaron a recuperar poco a poco el brillo de la alegría.

Un susurrante “Te quiero amor” selló la comunicación, y fue esta breve frase romántica que hizo que me levantara súbitamente de mi asiento y me diera media vuelta sin pronunciar palabra alguna. Abrí la puerta y la cerré con violencia tras de mí ante la atónita mirada de Yessica. Las esperanzas de conquistarla se han esfumado para siempre, pensé.

Media hora después de mí inmadura y celosa acción, caminando sin rumbo por una solitaria calle, observé un poste que sostenía en la parte superior un pequeño cartel que nombraba el lugar que pisaba.

-¿Urbanización Canadá? –pensé mientras me rascaba la cabeza con desesperación.

Mi memoria se iluminó y recordé rápidamente que su esposo trabajaba en Canadá. Dejé a un lado la razón y escuché a mi confundido corazón. Él estaba lejos de su amada y yo tan cerca de ella.

-Aún puedo declararme mi amor. ¡Es ahora o nunca! –dije en voz alta y con gran convicción en mis palabras.

-El tonto de su marido jamás se enterará de mis intenciones –pensé.

Una maquiavélica e involuntaria sonrisa se había dibujado en mi cara. Mis acelerados pasos me llevaron nuevamente al edificio de la empresa, subí y baje sus escaleras. Recorrí los cinco pisos llenos de oficinas, la busqué en la suya. Regresé a la cafetería donde habíamos desayunando. Pero todo fue en vano. El cansancio se había apoderado de mí. Entonces decidí esperarla donde la ví por última vez. Los minutos pasaban hasta convertirse en horas, y finalmente llegó la noche. El vigilante del edificio abrió la puerta, me vio recostado en la silla giratoria y, sin mostrar sorpresa alguna ante mi presencia, con voz tímida me dijo que ya era hora de cerrar.

-Dame la llave, yo voy a cerrar –le dije, con desgano.

-Ok –contestó, dejándome encima del escritorio el pesado llavero con las llaves de la oficina y de la entrada principal.

El tic tac del reloj de la pared me enfermaba, y yo seguía con la obsesión de verla una vez más y declararle mi amor. Mientras el tiempo seguía su lento transcurrir, comencé a revisar los cajones del escritorio. En uno de ellos pude ver una pequeña placa, de esas que se ponen en el pecho para identificar a los trabajadores, y en ella se leía claramente su nombre en letras negras sobre un fondo dorado: Yessica Santillán.

Debajo de la placa asomaba un sobre blanco y pequeño; estaba sellado y tenía como remitente a mi jefa. Saqué del interior la carta. Comencé a leer los primeros párrafos hasta el final. Me quedé sorprendido, no lo podía creer. Mis manos temblaban debido a la emoción. Lo que ahí estaba escrito era una confesión de amor… ¿hacia mí? No entendía como podía ser posible que ella me amara en silencio como yo a ella. Aquello era algo que mi cerebro trataba de asimilar, pero que le era difícil de interpretar. De repente el fuerte timbre del teléfono me hizo saltar de la silla.

-Aló –escuché decir a una voz femenina.

-Sra. Yessica. ¿Es usted?

-¿Luis, que mierda haces en mi oficina? –me respondió con evidente enojo.

Me quedé mudo unos minutos hasta que se me ocurrió decir lo primero que se me vino a la mente. A pesar de su reacción, decidí hablar.

-Yo también te amo –le respondí, con un delicado tono de voz, antes de colgar el teléfono.

Le había declarado mi amor a Yessica. Definitivamente estaba enamorado de ella. Sentía que mi corazón iba salirse de mi pecho. Los latidos se hacían intensos al igual que mis pensamientos.

El teléfono sonó con insistencia despertándome de mi letargo.

-Lucho, espérame en la oficina, no te muevas –dijo ella, con un tono mas colérico que en la anterior llamada.

Cerca de las ocho de la noche, ella irrumpió en la oficina. Yo estaba dando vueltas como un trompo en su silla giratoria. La felicidad se había apoderado de mí, pero esta desapareció en un segundo cuando ella me clavó una mirada rabiosa.

-¡Que mierda haces, imbécil! –gritó ella.

Su potente voz hizo que, a causa del susto, me cayera de la silla hacia la alfombra. Yo solo me limité a observarla horrorizado desde el suelo. Estaba paralizado por el asombro. No comprendía nada. Si ella me amaba como decía en su carta, entonces ¿Por qué reaccionaba así? me pregunté. Algo no encajaba en tan bochornosa situación que estaba viviendo.

-Yessica, estaba esperándote como dijiste –le dije con voz temblorosa.

-Oye infeliz, yo no sé que mosca te ha picado, pero yo no te he dado confianza para que me tutees o entres así en mi oficina. Además, ¿porque carajo me dijiste que me amabas?

-Jefa, pensé que usted me amaba. –le contesté, mientras me levantaba lentamente del suelo.

-¿De que hablas?

-De la carta, jefa.

-¿De que carta me hablas, imbécil? –me contestó con una rabia que iba incrementándose poco a poco.

Sus grandes ojos verdes, que antes me habían causado fascinación, me comenzaron a producir un pánico indescriptible. Aquella mujer, que estaba parada a pocos metros de mí, no era la misma que había sido tan amable conmigo por la mañana.

-¿De que carta me hablas? – me volvió a repetir, sin dejar de mirarme con el ceño fruncido.

-La que estaba en su escritorio.

-¿Has revisado mi escritorio?

-Sí, jefa

-Aaah esa carta. Imbécil, es una carta de amor que le escribí a mi esposo hace dos años atrás, la cuál nunca envié.

Al observar nuevamente el sobre, que permanecía inmóvil encima de aquel mueble metálico, mi mente comenzó a trabajar a mil por hora. Y finalmente me percaté de mi metida de pata. En aquel instante desee que la tierra me tragase. Que tonto me sentí. Mi cabeza caliente no me había permitido pensar con claridad. El desastre ya estaba hecho y no había manera de que yo pudiera remediarlo. Todo había sido mi culpa. Como único consuelo es que no me fui solo de aquel trabajo al día siguiente de lo acontecido; mi buen “amigo”, el vigilante, paso a pertenecer a las filas de desempleados también.

A seis meses de lo acontecido me pregunto:
¿Cómo pude ser tan imbécil y olvidarme que el esposo de mi jefa había sido bautizado con el mismo primer nombre y apellido paterno que el mío? ¡Vaya miserable coincidencia!

22 de octubre de 2010

Día 13

Tú que estas leyendo este texto tal vez no me recuerdes, pero yo siempre te recuerdo. Muchos sentimientos me motivan a enviarte esta carta. En realidad estoy buscando que alguien me ayude, de alguna manera, para poder salvar mi alma de las brasas del infierno. De solo pensar que tal vez pasaré el resto de la eternidad sufriendo en el fuego eterno siento escalofríos, aunque suene irónico en este momento.

Tú que me estas leyendo, espero sepas prestar atención a lo que estoy a punto de confesar en esta carta. A pesar que me resulta extraño hacer una confesión de algo horrible que me quieren obligar a hacer, el remordimiento se extingue poco a poco mientras sigo escribiendo este mensaje de confesión sincera.

Mi nombre tu no lo recuerdas pero yo si sé cuál es el tuyo. Mi nombre no es tan importante a pesar que muchas personas me llaman con diferentes nombres, pero todos ellos son solo adjetivos para mí.

No quiero andar con rodeos, así que empezaré a relatarte lo que me sucedió. Mi relato comienza el día de ayer cuando fui al cementerio a visitar a unos familiares y amigos (quienes están sepultados ahí). Mal día creo que escogí para salir a caminar rumbo a ese hermoso lugar donde los cuerpos reposan y las almas vigilan sus propias tumbas.

La mañana lucía espléndida: gris y húmeda como me gusta. Pocas personas habían llegado a visitar a sus difuntos, lo cual para mi era excelente debido a que detesto cuando hay demasiada gente cerca de mí. Tal vez sea por timidez, pero no me gusta que la gente se me acerque demasiado cuando estoy ocupado visitando a los muertos.

Detesto la palabra “muertos”, pero es difícil evitar escuchar o nombrar esa palabra cuando estas rodeado de ellos; prefiero decir la palabra “amigos”, pero también me gusta la palabra “familiares”. Mis amigos y familiares ocupan una gran extensión de tierra de aquel hermoso jardín; él cual esta lleno de lápidas cuidadosamente adornadas de flores naturales y algunos arboles frutales. Ayer, una lápida diferente a las demás llamó mi atención; en el mármol blanco (muy bien esculpido) no había inscripción alguna que delatará el nombre de la persona que estaba enterrada ahí debajo de la lápida anónima.

El césped que rodeaba la lápida estaba muy seco, esto era extraño debido a que la mañana se presentó con bastante humedad en el ambiente; encima de la tumba sin nombre no había flor alguna que adornara la última morada de un “amigo” desconocido. Mi enorme curiosidad, por saber a quien pertenecía aquella tumba, hizo que me dirigiera a la oficina administrativa del cementerio; entré en silencio y comencé a buscar, en los archivadores de la oficina, alguna información que me ayudara a revelar el secreto de la tumba anónima.

-¿Por qué la lápida de mármol, que adorna la tumba, no tiene nombre?-me preguntaba en silencio.

Después de varios minutos de búsqueda obsesiva, pude encontrar un documento que revelaba la fecha y el lugar donde había sido colocada esa lápida, pero no había nombre que revelara la identidad de la persona ahí enterrada. El documento solo describía el nombre del espacio donde estaba enterrada esa supuesta persona sin nombre; el documento decía: “A las 6am del 12 de Mayo de 1981 fue colocada una lápida de mármol en este cementerio (Cementerio “San Miguel”); hasta el momento no se ha logrado identificar a que persona fallecida corresponde”

Un dato adicional, de aquel documento, me llamó la atención; en este se nombraba también el nombre del taller donde había sido esculpida la lápida de mármol. El nombre del taller era extraño, se llamaba “Pena Estéril”. El taller estaba en una calle cercana al cementerio, así que solo necesité caminar 5 minutos hasta llegar a aquel taller.

La calle tenía un aspecto que hacía muy obvia su antigüedad. La calle era muy estrecha y la pista que la atravesaba era de piedra; las casas estaban echas de adobe y estaban adornadas de balcones virreinales. Muchas de esas casas estaban deterioradas por el paso del tiempo, pero a pesar de ello aún conservaban cierta hermosura arquitectónica.

El taller era una casa de color plomizo que contrastaba con el color de la puerta de madera, la cual era de color rojo sangre. Aparentemente esta antigua casa, de aproximadamente 500 años de antigüedad, había sido remodelada de una manera grotesca.

El taller tenía un cartel de madera que tenía escrito su nombre: “Pena Estéril”. Las letras del cartel parecían haber sido escritas con un soplete. Además el cartel estaba sostenido por un viejo poste oxidado, de unos 3 metros de altura, el cual parecía estar a punto de caerse debido a la excesiva corrosión que presentaba. Tan viejo era el cartel y el poste como lo era la puerta que me separaba del interior del taller.

Una vez situado frente a la puerta: toque tres veces con el puño esa madera apolillada, pero solo escuchaba el eco que se filtraba al interior del taller debido a la intensidad de mis golpes. Golpee tres veces mas la puerta y ahora con mayor intensidad, pero la respuesta fue nula desde el interior.

Estaba cansado de esperar que alguien saliera a atenderme; así que decidí dar media vuelta para abandonar mi labor de investigador de tumbas. Pero de repente, cuando estaba a punto de irme, una voz proveniente del interior del taller me llamó.

-No se vaya, lo he estado esperando- dijo la voz con un tono muy grave

Me llamó la atención esa voz porque me parecía haberla escuchado en otro lugar, pero no recordaba donde, ni cuando la escuché. Mi curiosidad hizo que ingresara sin titubear a aquel recinto lúgubre; el lugar estaba lleno de seres extraños hechos de mármol negro. A pesar que ya estaba acostumbrado a ver esculturas de animales y humanos, este lugar me llamó la atención debido a la perfección que existía en el detalle de dichas esculturas; además cabe señalar que muchos de los animales ahí presentes eran seres mitológicos, entre los que resaltaban los siguientes: EL Kraken (animal misterioso y gigantesco, con forma de pulpo), El Ave Fénix (un ave mitológica del tamaño de un águila de fuerte pico y garras), El Grifo (criatura cuya parte superior es la de un águila gigante y la parte inferior es la de un león), EL Centauro (ser con el torso y la cabeza de humano y el cuerpo de caballo) y dragones( reptiles gigantes y alados).

Un dato peculiar con respecto a las esculturas es que cada una de ellas, sin excepción, estaba repetida con exactitud de detalle en 6 oportunidades. Sí, aunque suene extraño cada ser mitológico estaba esculpido y expuesto ante mis ojos en 6 oportunidades. Este dato tal vez hubiera pasado desapercibido por otra persona, pero el hecho que las imágenes se repitieran en 6 oportunidades era un mensaje oculto, al menos así lo sentía yo. El mensaje fue descifrado inmediatamente cuando logre visualizar a la persona que me había llamado desde el interior del taller. Aquel recinto no era un taller, era la guarida de un ser despreciable con apariencia de anciano.

-Viejo amigo, veo que tu memoria aún es buena. Tus ojos de espanto me dicen que recuerdas quien soy- dijo con tono sarcástico, el anciano.

-Tu no eres mi amigo, aunque si recuerde ese rostro y los muchos otros tras los cuales te escondes- le respondí.

De repente las puertas del taller se cerraron rápidamente detrás de mí y un olor a azufre invadió todo el lugar. Las esculturas comenzaron a cobrar vida y comenzaron a mover lentamente sus cabezas, dirigiendo a la vez una mirada llena de ira hacia mí.

-Sabes que tus criaturas no pueden hacerme daño-le dije.

-Tan seguro como siempre, mi querido amigo. Pero no te preocupes, no pienso hacerte daño todavía- me respondió el anciano, con el mismo tono burlón.

El taller solo estaba iluminado por una tenue luz solar que atravesaba unos pequeños agujeros en el techo de madera, pero esa luz parecía que iba a extinguirse pronto. Miré a todos lados dentro del taller, en cada rincón busqué una salida, pero era obvio que la única salida estaba a mis espaldas, es decir, la puerta por donde había ingresado a aquella maloliente guarida.

El anciano, de estatura media, en apariencia era humano, y digo solo en apariencia porque en realidad de humano tenía muy poco, pero tenía mucho de animal salvaje. Sus dientes no eran humanos, en realidad eran colmillos muy bien afilados como los de un cocodrilo; las uñas de sus manos eran muy largas, tan largas como las garras de un águila; en vez de pies poseía pezuñas de cabra; su cara de anciano estaba llena de llagas y el pelo que cubría ese rostro era de color plomizo. La vestimenta que llevaba era un manto de color rojo desteñido, el cual estaba roto y sucio en casi su totalidad.

La apariencia de aquel “anciano” no me amedrentaba, pero si me resultaba repugnante el olor que desprendía de su cuerpo. El olor a azufre, que desprendía su cuerpo, era muy intenso y en todo momento intentaba disimular su olor pensando en algún olor agradable, como el de rosas recién cortadas.

-Me extraña que no hayas descifrado el anagrama (Palabra o sentencia que resulta de la transposición de letras; por ejemplo: amor, Roma, o viceversa.) que coloqué para ti en el cartel de mi taller.

-¿Pena Estéril?- respondí.

-La verdad es que me gusta jugar, como tú sabes, con la palabra. ¿Acaso no recuerdas que otros han jugado este mismo juego llamado Anagrama? Tal vez recuerdes la leyenda de mi amigo Pilatos y de mi enemigo Jesús. En esta leyenda se cuenta que Pilatos preguntó a Jesús ¿QUID EST VERITAS? (¿Qué es la verdad?), este (Jesucristo) le contestó por medio una anagrama: EST VIR QUI ADEST (Es el hombre que tienes delante).

-¡Claro! Que tonto fui al no darme cuenta que el anagrama del cartel (Pena Estéril) significa “La Serpiente”. Tu anagrama es un juego retorcido de letras en el cual escondes uno de tus tantos nombres.

-Amigo mío puedes llamarme de la manera que más te apetezca: Belcebú, Luzbel, Lucifer o Satanás. El nombre es lo de menos en este momento.

-¡Ve directo al punto, Maldita Serpiente!- le respondí con enojo.

Mientras la conversación entre los dos se prolongaba, la obscuridad iba reemplazando a la luz tenue que atravesaba el techo del “taller”. Si la luz se extinguía, antes de encontrar una salida, entonces La Serpiente estaría en ventaja de poder atacarme, pero aquella no era mi mayor preocupación; si se desataba la ira de Satanás, en aquel lugar tan reducido, mucha gente inocente que tuviera un hogar cerca saldría afectado.

-En este momento, amigo mío, tal vez estés pensando en escapar de aquí para poder salvar a gente inocente que podría yo dañar, pero este día no es necesario que te preocupes, en vano, por la vida de los seres humanos. Hoy me muestro ante ti y todo el mundo como un ser misericordioso.

Mientras decía esto, Satanás iba adoptando la posición de Cristo en la Cruz (los brazos extendidos y la cabeza echada de lado) mostrando de esta manera una evidente burla al Hijo de Dios. El sarcasmo de Satanás siempre ha sido una de sus tantas maneras perversas de expresarse, y aquel día hizo gala de su malévola capacidad histriónica.

-La razón por la que te he atraído hasta este lugar, casi obscuro, es para darte la oportunidad de llenar tu vida de luz.

-Guarda tus comentarios para el que no te conoce, serpiente. Lo que hay dentro de ti es solo obscuridad total y eso es lo único que puedes ofrecerme. ¿Qué quieres de mí?- respondí con mas ira que antes.

-Amigo mío, no toleras bromas. Que lástima, pero si quieres que te diga la verdad de porque te he atraído hacia mí, te la diré sin rodeos.

-De una buena vez dime que es lo que quieres- le respondí

Satanás me miró con una sonrisa maquiavélica mientras entregaba en mis manos un sobre de color rojo, el cual había hecho aparecer de la nada como por arte de magia.

El sobre era de un rojo muy llamativo y tenía un sello de cera situado en la parte posterior; el sello era también de un rojo muy llamativo e intenso y mostraba la figura de una calavera encerrada en un círculo.

Al abrir el sobre, dentro de él encontré una carta escrita de puño y letra del mismo Satanás. No es necesario explicarte como sabía que era su letra la que estaba impresa en la carta; debes creerme, por favor, cuando te digo que la carta había sido escrita por la mano del mismo Satanás.

A pesar de la poca visibilidad del lugar, pude leer lo que ahí estaba escrito. El mensaje de la carta era algo horrible, era una petición dirigida hacia mí. La petición era que debía cometer un asesinato. La potencial víctima era un hombre al que le tenía mucho afecto.

-¿Como eres capaz de pedirme que haga semejante abominación que esta descrita en esta carta?-le increpé; y al decir esto, arroje inmediatamente la carta a los pies (pezuñas) de Satanás.

-Tu curiosidad es grande, y sé que el motivo por el cual estas aquí es porque deseas saber a quien pertenece esa tumba que no tiene nombre en su lápida. Pues te diré la verdad: Esa lápida de mármol blanco, la cual yo mismo cree, señala el lugar exacto donde están enterradas todas las almas que han ido a mi hogar, al cual muchos llaman con el nombre de “Infierno”, aunque yo prefiero llamarlo : Mi tibio hogar de esparcimiento.

-Aún no entiendo que tiene que ver tu hogar conmigo- le respondí con una gran incertidumbre.

-Me extraña que a pesar de la cantidad de años de conocimiento que llevas acumulados en tu mente, acerca del tema de la morada de los olvidados (infierno), no sepas la razón de porque quiero que hagas algo por mí y por aquellos que están enterrados en vida sufriendo eternamente. En fin, solo asesinando a la persona que se menciona en esa carta, todas las demás personas que han permanecido siglos en mi hogar serán libres de ir al cielo o a donde mejor les parezca a pasar su patética inmortalidad.

-¿Me pides que maté a un hombre para salvar a todas la almas del infierno?; ¡Estas demente!

-Gracias por el elogio, amigo, pero no es lo único que deseo de ti. Esa carta es un contrato. Lee bien al final de la carta, en las letras pequeñas.

Antes de poder comenzar a leer esas minúsculas letras al final de la carta, la luz al interior del taller se extinguió. La obscuridad se apoderó del lugar y lo único que recuerdo es que recibí un fuerte golpe en la cabeza que hizo que cayera al suelo.

Pocos segundos antes de perder el conocimiento, antes que mi cabeza chocara contra el duro cemento del taller, escuché una risa estentórea. Satanás no me mató, aunque hubiera preferido que así lo hiciera. Morir en ese momento hubiera sido una bendición o un regalo del cielo, porque de esa manera mi sufrimiento por el enorme sentimiento de culpa que ahora siento, se hubiera evitado.

Pasaron varias horas antes que pudiera volver a ponerme de pie. Un fuerte dolor de cabeza no me dejaba entender con claridad lo que me había sucedido. Mi confusión se incremento cuando me di cuenta que me estaba poniendo de pie encima de la tumba sin nombre; el cementerio ahora estaba a obscuras y era iluminado solamente por la luz de la luna.

-¿Cómo regresé al cementerio?- me pregunté, en silencio, mientras me cogía con ambas manos mi cabeza adolorida.

Observé la lápida y pensé que tal vez me había resbalado en el césped y mi cabeza podría haber chocado accidentalmente con el duro mármol blanco dejándome, de esta manera, inconsciente por muchas horas.

-Todo lo que me ha sucedido, ha sido un sueño- pensé

Nada más alejado de la verdad. La carta que me entrego Satanás la tenía sujetada con la mano derecha. Las líneas pequeñas que no pude terminar de leer decían el lugar exacto en el cual debía ser cometido el asesinato. Satanás también mencionaba en las letras pequeñas que si no cometía personalmente el asesinato, entonces el mismo se encargaría de mandarme al infierno y nunca más vería a mis “amigos” y “familiares” del cementerio.

En este momento que me encuentro escribiendo lo acontecido el día de ayer; aún con el recuerdo de aquello, como si de una pesadilla se tratase, te confieso que me siento mal por no decirte con exactitud quien soy. Ahora que estas leyendo esto que he escrito para ti, creo que es necesario que sepas algo de mí. Por lo tanto te revelaré mi brevísima “biografía”, aunque esa palabra suene absurda para mí; es preciso mencionar mi historia resumida para que puedas entender como soy, más allá del saber quien soy, algo que tu intuyes seguramente.

Soy quien tú crees que soy, y digo esto con total seguridad de causa. Mi nombre, como te dije, no es importante. Mi nombre puede tener derivaciones infinitas y presentarse además en diferentes idiomas, sin embargo, preferiría no tener nombres tan horribles como los que “mis amigos” y “familiares” me llamaban en vida. No tengo familia a pesar que he estado en medio de muchas, pero siempre había tristeza en ellas; muchas veces inevitable sentimiento que se apodera de los que me rodean o me nombran.

Es triste no haber tenido familia propia jamás. ¿Amigos? Nunca los tuve a pesar que hubiera dado lo que sea por tener al menos uno. Disculpa si soy redundante en el tema, pero ver familiares y amigos unidos entre sí es algo que muchas veces ha causado cierta frustración en mí, confieso que algo de envidia también he sentido.

Es por tal motivo que, a manera de paliativo sentimental, he creado en mi universo personal: “familiares” y “amigos” que habitan en cementerios. Amistad y familia, son más que dos palabras unidas por una conjunción gramatical; son el equilibrio dentro de mí, algo que me permite olvidarme que estoy solo en este mundo.

Es la primera vez que me dirijo a ti.; siempre te he visto de cerca, pero nunca me he atrevido a hablarte por temor a que te alejes de mí. He ahí la desventaja que tengo frente a los demás seres que habitan este hermoso planeta. Yo, rara vez puedo comunicarme con otros seres humanos o tocarlos físicamente, salvo casos extremos; en la mayoría de veces, que esto sucede, las personas terminan alejándose de mí hasta el punto de no verlas jamás.

Ahora me estoy contactando contigo a través de esta carta, pero no quiero alejarte de mi presencia, sin embargo, tampoco deseo que te acerques a mí. Suena contradictorio todo lo que te digo; muy confusas o incoherentes pueden sonar mis palabras, pero no te culpo por ello. Muchas personas no me entienden y creo que es por ese motivo que al final terminan odiándome.

La ignorancia y la falta de conocimiento de cómo soy en realidad, creo que hace que las personas terminen finalmente odiándome. Ignorar mi existencia es como creer que las sombras que acompañan a los seres humanos durante el día, cuando sale el sol, no existen.

Mi historia tiene muchos matices tristes, los cuales están enlazados a tu vida de una manera casi imperceptible. A falta de otro término que venga a mi mente, he preferido escoger la palabra matiz para describir la intensidad con la que he vivido tragedias ajenas que las he sentido como propias, entre ellas las tuyas.

No soy un maestro de historia para relatarte todas las tragedias que han rodeado mi existencia, pero solo te comentaré acerca de aquellas que tu ya conoces. Seguramente recuerdas aquella horrible guerra que empezó en el año de 1939, la cual tú viviste de cerca.

Recuerdo que al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de tu país natal con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura de tu país. Frente a esta situación extrema, junto a un grupo de jóvenes, lograste algo positivo que fue: organizar una universidad clandestina en donde estudiaste filosofía, idiomas y literatura.

Aquella guerra ocasiono la muerte de millones de personas, lo curioso de todo esto es que a pesar de la magnitud de esta desgracia, los seres humanos aún no aprenden las lecciones del pasado y vuelven a caer en el mismo abismo mortal llamado guerra. El olvido y la ignorancia de estos hechos crean en la mente del ser humano la falsa sensación que nunca mas se volverán a repetir semejantes atrocidades, que se vieron entre los años de 1939 y 1945, durante la invasión nazi.

Me afecto demasiado la pérdidas que sufriste a tan temprana edad : A los 9 años falleció tu madre cuando iba a dar a luz a tu hermana; luego 3 años mas tarde perdiste a tu hermano mayor Edmund, médico de profesión. También recuerdo que durante la ocupación Nazi de tu país, tu padre perdió la vida, el falleció en 1941.

Yo estuve presente en todos estos acontecimientos. Hubiera querido que la vida de tus seres amados se hubiera prolongado por muchísimos años más, pero en mis manos no esta la decisión de la vida a pesar que tal vez algunos afirmen lo contrario. Todos estos acontecimientos duros en tu vida te afectaron tristemente, pero a pesar de todo saliste adelante en la vida.

Tal vez te preguntes como tengo conocimiento de estos acontecimientos que sucedieron en tu vida, la respuesta es sencilla: yo se quien eres. Te admiro como persona; las obras que has hecho por el bien de la humanidad despiertan en mí: respeto y admiración hacia tu persona.

Espero tu perdón por no haber impedido la partida de tus seres queridos al otro mundo. No me odies por ser lo que soy y por hacer lo que no deseo hacer.

Continuando con el tema principal, te decía que Satanás se ha presentado ante mí y me ha ofrecido la oportunidad de liberar todas almas del infierno. Para realizar esto, es necesario realizar una acción que es inherente a mí. No creas que soy un asesino, pero esta en mi naturaleza causar viva aflicción, aunque yo no lo desee.

Perdóname nuevamente……. amigo. Disculpa si tomo demasiada confianza al decirte amigo, pero siento que eres la excepción a la regla en cuanto a amigos terrenales se refiere. Yo no tengo amigos, como te comente, pero tú eres una persona a la cual considero mi amigo a pesar que nunca nos hemos conocido cara a cara. De ahora en adelante, en el transcurso de este relato permíteme llamarte amigo.

No te asustes por todo lo que acabo de decirte acerca de tu vida y el vínculo existente con mi historia. Te dije que iba a relatar mi biografía, sin embargo, he preferido ahorrarme algunos detalles para evitar alejar tu mirada del punto central de esta carta. Hay acontecimientos, tan o mas horribles que la segunda guerra mundial, que prefiero obviar.

No pienses que intento confundir tus pensamientos como lo hace Satanás con sus victimas.; yo soy muy diferente a él. Si aún sigues con la mirada esta carta que te dirijo, entonces te aconsejo que termines de leer lo que voy a escribir a continuación.

Tengo la esperanza que esta carta llegue a tus manos lo más pronto posible, antes que se cometa un crimen. El relato que te envío a manera de carta, puede parecer fantasioso, pero te aseguro que todo lo dicho por mí es sinceridad absoluta, libre de toda mancha de mentira; créeme cuando te digo que estoy relatando hechos reales.

Muy pocos seres humanos creen en cosas satánicas o de esoterismo, sin embargo, aún existen personas como tú que cree en la presencia del bien y del mal; pelea eterna que se vive cada día en este mundo y es expuesta en los medios de comunicación: a veces como guerras que duran una hora al día en algún programa de noticias. Yo no soy indiferente ante el sufrimiento humano, me duele muchísimo que la gente permanezca fría ante un televisor y cambie de canal después de ver una noticia acerca de algún conflicto bélico en el cual muere muchísima gente. Nada puedo hacer yo para detener muertes, detesto el sufrimiento de la gente inocente que se encuentra en medio de una guerra de la cual nadie quiso formar parte.

Las guerras y la muerte van de la mano; como hermanos que caminan cogidos de la mano, hermanos que caminan atravesando por el medio de una delgada línea fronteriza que divide lo material de lo espiritual. Yo camino en ambos lados desde hace algún tiempo y no necesito de médiums para saber cuando alguien va pasar del mundo material al espiritual. Digamos que, en muchas ocasiones, yo tengo el poder (un poder que desearía no tener) de saber el día y la hora exacta de la muerte de una persona.

Volviendo al tema de Satanás, te digo que: el para mí es un enemigo, al cual detesto. El siempre hace uso de su inteligencia para realizar perjuicios a la humanidad; los medios que el utiliza para expresar sus actos inhumanos son: desunión familiar, odios, venganzas, rencores, desamor, infidelidad, torturas, violaciones, guerras, asesinatos, etc. La mayoría de las veces el modo de operar es el mismo, cuando acaba de manera horrible con la vida de los seres humanos. Como cobarde que es, siempre utiliza hombres o mujeres de mentes débiles para cometer atentados inhumanos contra la vida; atentados que el se rehúsa a realizar cuando piensa que hay acontecimientos trágicos que no merecen la pena ser ejecutados directamente por él.

Espero sepas disculparme por haberme desviado otra vez del tema central de esta carta, que espero llegue pronto a tus manos. Como te había mencionado, Satanás también había expresado en su carta una amenaza hacia mí en la cual decía textualmente lo siguiente:

“Si la misión que te estoy encomendando en este documento no se cumple, entonces arderas en el fuego eterno del infierno. A la vez serás privado de la libertad de poder visitar a tus “amigos” y “familiares”. Este mensaje adicional tómalo como una garantía para que tu misión sea completada eficazmente.”

En realidad esa garantía, como el la llamaba, era mas bien una amenaza clara y casi irrefutable. No podía rechazar lo dicho ahí en ese documento maligno, porque si no cumplía tan siniestra misión entonces se cumpliría dicha amenaza.

Ayer, durante la noche, pensaba en la manera de librarme de tan horrible acto que debía cometer. Mientras observaba la lápida sin nombre pensaba en las miles de almas que estaban sufriendo debajo de ella. Las dudas inundaban mi mente, por un momento llegué a pensar que tal vez Satanás me había mentido.

Las dudas de mi cabeza se despejaron cuando comencé a escuchar quejidos, que se incrementaban progresivamente, los cuales provenían del interior de la tierra que estaba pisando. Las almas del infierno se quejaban de un sufrimiento repetitivo, consecuencia de un castigo perpetuo.

Mi conciencia me decía que debía liberar a las almas que sufrían en manos de Satanás, pero a la vez mi mente me decía: ¿Quién eres tú para decidir acerca del destino de las almas enviadas al castigo eterno?

Mi mente sufrió el colapso producto de las preguntas que inundaban mi cabeza. Mi mente comenzó a cansarse hasta que terminé cayendo encima de la tumba anónima. En ese momento tuve pesadillas acerca de mi encuentro con Satanás; todo era más obscuro y deformado en mi mente, muy diferente a lo que había vivido en realidad.

En la pesadilla que tuve, pude observar a Satanás comiéndose las cabezas de aquellos seres mitológicos, ahora de carne y hueso, que adornaban el taller “Pena Estéril”. Mientras Satanás despedazaba cada una de esas cabezas, una nueva surgía del mismo lugar; la escena se repetía una y otra vez, mientras se escuchaban quejidos lejanos de personas anónimas. La pesadilla era macabra, notaba como sonreía Satanás después de tragar las cabezas de sus victimas, él disfrutaba de aquel espectáculo. Luego de saciar su apetito diabólico se dirigía a mí y me escupía sangre. Mis ojos llenos de sangre me ardían terriblemente y no me permitían ver lo que estaba sucediendo después, lo cual me hacía sentir indefenso ante un probable ataque del maligno. Impotencia sentía cuando escuchaba los lamentos de personas a las cuales no veía, todo era total obscuridad.

-¡Amigo mío, ya es hora!- gritó una voz con un tono grave, que hizo despertarme.

No sabía si el grito había sucedido en la pesadilla o en realidad alguien me había despertado de tan terrible tormento. Al despertarme sentí una fuerte luz que cegaba mi visión; los primeros rayos solares de la mañana me despertaron; el silencio matutino del nuevo día me permitió pensar con mas claridad que el día anterior.
Aún tenía en mi poder la carta de Satanás, la cual simplifiqué en una pregunta:

-¿Vale la pena sacrificar una vida para librar otras que no se merecen el privilegio de la libertad?- me dije en silencio

-No, no esta en mis manos decidir acerca de la libertad de los desterrados al infierno- Me contesté con seguridad.

Amigo mío, tu que me estas leyendo, te digo que esta carta es un grito silencioso de ayuda y a la vez una advertencia para ti. Espero ser claro al decir la palabra “advertencia”, que no es lo mismo que amenaza. Es necesario advertirte amigo mío que tu vida esta en peligro, porque la persona a la cual debo asesinar eres tu. Pero no te preocupes, porque el tiempo que he dedicado a escribirte esta carta me ha permitido pensar con mayor claridad y a la vez tomar una decisión definitiva. Si alguien debe ser sacrificado en manos de Satanás para que alguien sea salvado, ese soy yo.

No deseo dañarte amigo, y para evitar eso es necesario que leas la carta que Satanás me entregó. Es necesario que leas con atención hasta el final de la misma porque esta carta tal vez pueda evitar tu asesinato. La carta dice lo siguiente:
“Amigo mío, la lápida que esta frente a ti es el punto exacto que señala donde se encuentran infinidad de almas que sufren diariamente por sus pecados cometidos. Le voy a dar a todas estas almas la oportunidad que DIOS me negó: volver al paraíso.

Para que esto sea realizado con la efectividad, que espero de ti, necesito que asesines a una persona. Mañana 13 de Mayo cuando Carol se acerque a sus fieles, tu te confundirás entre la multitud, te acercarás a él y tocarás su corazón, el cual estallará derribándolo inmediatamente hacia el suelo hasta su deceso”,

A pesar que no mencionaba el nombre completo de la persona que iba a tener que asesinar, yo sabía que eras tú. No es necesario explicarte como lo sé, solo puedo decirte que sentía que eras tú, lo cual me asusto muchísimo.

Al reverso de la carta se leía tu nombre, el cual solo podía ser leído a contraluz. Hoy te enviaré la carta para que puedas evitar tu final. Sé que Satanás a pesar de todo intentará lograr la misión que me ha entregado, pero solo dos hechos pueden evitar que se cumpla tan terrible plan; uno de ellos es esta advertencia escrita que te envío o una intervención divina.

Ahora solo me queda despedirme y decirte que: para mí eres un Santo y como tal no mereces el destino que Satanás ha decidido forzar para ti. Tal vez Satanás mañana venga a buscarme para llevarme al infierno, pero prefiero tal destino para mí antes que verte asesinado por mis manos. Me rehúso a realizar tan inhumana acción. Ahora que ya sabes el fin de mi carta, creo conveniente decirte el nombre con el cual me llaman comúnmente; me llaman: La Muerte.

A continuación te expongo las últimas líneas pequeñas de la carta que escribió Satanás para mí:

“El hombre de blanco, sucesor de Pedro, debe ser asesinado por tus manos mañana 13 de Mayo de 1981 en La Plaza De San Pedro. El nombre de tu víctima es Karol Józef Wojtyła, conocido por sus fieles católicos como Juan Pablo II”

19 de octubre de 2010

Él

Habían pasado seis meses desde su salida de la Universidad. En seis cortos meses habían pasado muchas cosas hermosas y terribles en su vida, pero en términos generales, su vida había sido feliz hasta que un día todo cambió.

El se levantó temprano con el trinar de los pájaros, con el sonido del silencio de la almohada y el olor a paz de su habitación. Aquella mañana realizó su rutina diaria de casa como si esta hubiera sido programada desde el momento de su concepción, es decir 27 años atrás, rutina que consistía desde realizar el aseo personal pasando por la limpieza casi obsesiva de su cuarto y terminando con un desayuno en la mesa junto a su padre.

A pesar que al salir de casa, rumbo a su trabajo, el día amaneció muy frío y los autos hacían más ruido de lo acostumbrado con sus claxons, eso pasó a segundo plano al tomar un taxi. El se encontraba realmente feliz y ansioso por ir a su trabajo, que a pesar de no ser el mejor trabajo del mundo le daba una gran satisfacción. Y esta satisfacción tenía nombre de mujer.

Aída era la asistente administrativa, su madre era la dueña de la empresa y su hermana (tía de Aida) era la administradora del negocio. La tía de Aída era una mujer con una mirada muy fuerte, capaz de hacer bajar la cabeza a cualquier hombre. Aída le puso el apelativo de Medusa (ser mitológico griego), debido a que era capaz de petrificar a cualquier hombre con una sola mirada.

Cuando el llego al trabajo, empezó su rutina en el trabajo, es decir, empezó saludando muy amablemente a la Sra. Elena ("Medusa"), la cual nunca respondía a los "Buenos Días" de parte del enamorado de su sobrina. Sí, aquel joven de 27 años estaba muy enamorado de Aída, una mujer 3 años mayor que él; esa hermosa mujer de piel trigueña, ojos achinados y cabello ensortijado era la motivación para ir al trabajo. Luego de saludar a la Sra. Elena, iba a la oficina de Aída y la saludaba con un "serio saludo" muy bien disimulado:

- Muy buenos Días Srta. Martínez

Nadie en la familia de ella o en la de él, sabían que eran enamorados. No era un pecado aquella relación, pero a petición de Aída, se acordó no revelar dicha relación a ningún miembro de las familias de él o ella.

A pesar que todo era un paraíso entre ellos dos, Aída tenía temor que su tía se enterara de este secreto. En una oportunidad Aída le dijo a él: "Si mi tía se enterara de lo nuestro, a mí me enterraría viva y a tí te castraría y luego te crucificaría".

Cuando ella dijo eso, el pensó que era una exageración de parte de ella, pero a pesar de lo que pensaba, accedió a mantener el secreto y prometió no revelarlo.

Las relaciones laborales entre jefa y empleado en aquella empresa eran pésimas, debido a que La Sra. Elena era una mujer explotadora, de muy mal carácter a quien no le importaba mirarte por encima del hombro y decir insultos hasta tirar tu autoestima por el suelo. Muchos empleados de la empresa, despedidos arbitrariamente por la Sra. Elena, habían salido de la oficina de la jefa, con los ojos llorosos, y al decir empleados me estoy refiriendo a señores y señoras de mas de 50 años.

Aquel joven, en apariencia tranquilo, siempre supo evadir los insultos y la mejor manera de evadirlos durante 3 meses de trabajo, fue diciéndole algo que aunque parezca extraño la tranquilizaba inmediatamente , ese algo era una frase muy sencilla y común pero que tenía una fuerza mas grande que la mirada de "Medusa", esa frase era : Dios La Bendiga, Señora!.

Cuando terminó aquel día de trabajo, él empezaba su rutina nocturna, la cual consistía en salir a las 7pm del trabajo, esperar frente al edificio, donde queda la empresa, esperaba que la jefa se subiera a un taxi, media hora después, para luego esperar a que Aída saliera quince minutos mas tarde, pero para él no había mucha importancia en esperar 15 minutos o más a que ella saliera, debido a que el sabía que ella saldría tarde o temprano de aquel edificio. Aída al salir del edificio salió con una sonrisa de oreja a oreja al ver que aquel joven estaba esperándola frente a la puerta de aquel lúgubre edificio, el cual pasaba de ser un sombrío edificio a ser un luminoso edificio, cuando ella atravesaba el umbral de la puerta de salida.

Eran las 8y30pm y el teléfono celular de ella sonó (mensaje de texto) ella al ver el mensaje que aparecía en el celular comenzó a temblar, el intentó tranquilizarla pero ella se puso mas nerviosa aún, luego de 5 largos minutos de angustia y preguntas de parte de el acerca de lo que ocurría, ella le reveló el mensaje, el cual decía: "¿Que haces con ese infeliz?, ven a la casa de inmediato". El mensaje fue enviado por su madre, la Sra. Karla, quien no era muy diferente de su hermana (Elena), no te petrificaba con su mirada pero si te despedazaba anímicamente con su manera de hablar, tan ofensiva.

Aída se subió inmediatamente al primer taxi que encontró, sin despedirse de su acompañante, quien para ese momento ya tenía la mente atrapada por un mal presentimiento acerca del destino de Aída. Dos horas después del incidente ella llamó al celular de el y le dijo, con voz entrecortada -! Mi tía me va matar, amor! - luego colgó el teléfono.

Aquel joven al escuchar esa frase, se asustó mucho y decidió llamar a un Tío a quien le dijo la extraña escena que había sucedido aquella noche. Le dijo que estaba saliendo con Aída y esto de la llamada lo tenía muy preocupado. Las palabras del Tío no fueron muy alentadoras, porque solo le repetía a cada instante: no te preocupes, mañana las aguas se tranquilizarán y cosas similares.

Él a pesar que había aceptado no revelar el secreto a nadie, rompió su promesa al llamar a su tío, así que a partir de ese momento dejó a lado la cobardía y fue directo a la casa de Aída, ese día se convirtió en una contradicción porque en la mañana, para el todo era felicidad pero en la noche inclusive el sonido de los claxons de los autos resultaba muy molesto a pesar que había poco tráfico a esa hora de la noche.

Luego de realizar ese estresante y casi eterno recorrido vehicular desde su domicilio hasta la casa de Aída, se acerco a la puerta de la casa y toco el timbre con desesperación, las luces de toda la casa estaban apagadas, por un momento pensó que no había luz en toda la zona donde vivía ella, pero las casas cercanas si contaban con iluminación así que descarto inmediatamente que la energía eléctrica se había ido y luego tocó el timbre con mas desesperación aún.
Aída no contestaba a las insistentes llamadas que el realizaba al celular a pesar que desde el lugar donde se encontraba el, se escuchaba el timbre del teléfono celular que provenía del interior de la casa, el reconocía que el tono que sonaba era del teléfono, que irónicamente tenía la tonada del Himno de La Alegría (música de de Beethoven), digo irónicamente porque aquella noche estaba muy lejos de ser alegre.

Luego de varios minutos de esperar que alguien saliera de la casa, el se alejó de la casa mas preocupado aún y su mente no dejaba de atormentarlo, debido a que el pensaba que algo malo podría haberle pasado. La voz de ella retumbaba en su cabeza, esa voz que repetía "Mi tía me va matar", luego al llegar a su casa, sonó su celular y el número que aparecía en pantalla era de ella, así que sin titubear contestó y dijo : ¿Aída donde estas? - solo se escucho un susurro casi imperceptible al oído que decía: ! Ya estoy en paz! Luego se cortó la llamada.

Aquella noche, trató de dormir pero no pudo, era la primera vez en su vida que el insomnio se apoderaba de él. Este insomnio era solo la punta del iceberg de lo que mas adelante en su vida sería un enorme bloque de hielo, que algunos expertos en el tema le llaman trastorno bipolar. La mañana siguiente recibió una llamada de su tío quien le dijo que prendiera el televisor y pusiera el canal estatal de noticias, y apenas escucho la noticia y al ver la foto se echó al suelo a llorar, el titular del noticiero decía fríamente: "Hija de exitoso empresario se suicida" y aparecía en la pantalla una foto de la bella Aída.

Durante semanas el recibió tratamiento psicológico para soportar la pérdida irreparable del gran amor de su vida, pero todo fue en vano. Ricardo era el nombre de aquel joven quien a los 27 años perdió a una de las personas que mas amaba en su vida. La rutina diaria se volvió sombría desde aquel momento.

Ricardo comenzó a sufrir de parálisis del sueño e insomnio entre otros males, le recetaron fármacos para poder controlar su insomnio pero la cura fue peor que la enfermedad, porque se volvió fármaco dependiente.

Han pasado 3 años desde aquel extraño incidente y desde entonces solo he visto a Ricardo un par de veces. En una de las conversaciones que tuve con él, me dijo cosas que rozaban con la locura, entre ellas me dijo:"Amigo mío, Aída esta viva, Medusa la ha enterrado en su jardín pero yo se que esta viva”.

La "verdad" según los medios de comunicación es que: Aída tomo el arma de su padre y se disparo en la sien pero se desconocen las causas del suicidio. Y según información que obtuve del tío de Ricardo, quien para mí sorpresa era amigo de la mamá de Aída (lo cual no supe hasta después de un mes del suicidio) es que la madre, la Sra. Karla, y su hermana (Medusa) insultaban constantemente a la pobre chica, pero el porque ocurría esto es un tema que podría ser tema de una novela policial, la cual alguien podría dedicarse a escribir.

Ricardo "murió" (murió psicológicamente) joven, la percepción de la realidad se volvió una ilusión para el, intento suicidarse en varias oportunidades, uno de esos intentos y el último que recuerdo fue luego de una pelea con su padre pero milagrosamente salvo de morir luego de intentar ahorcarse en el baño de su casa con su propia correa.

Ricardo ahora ha descuidado su aseo personal, se ha vuelto agresivo, no tiene intenciones de rehacer su vida, repite hasta el cansancio el nombre de Aída (y sigue creyendo que esta viva), ya no tiene ese rostro de felicidad, ahora solo tiene una mirada esquiva, triste y a veces molesta. Solo espero que algún día resucite y salga de ese infierno en el cual se ha convertido su propia mente autodestructiva.
Yo sé que esto que escribo tal vez nunca lo leas pero a pesar de todo aún tengo esperanzas que vas a renacer, algún día.

Hace unos días atrás leí en internet una frase que decía así: "El sabio es sabio porque ama. El loco es loco porque piensa que puede entender el amor."

Creo que esta última frase resume parcialmente el momento por el que pasa mi amigo Ricardo.

¡Saludos amigo mío!

11 de octubre de 2010

Medianoche

La medianoche es la hora en la cual despierto al ángel o demonio que llevo dentro, dependiendo de como el entorno del día me ha tratado antes de esa hora, tan llena de mitos y leyendas, la medianoche. Mi insomnio casi eterno me permite darme cuenta que mi locura va mas allá de un origen depresivo, mi falta de sueño tiene que ver mas allá que con un asunto neurológico y/o mental, creo que esta relacionado con el rechazo al amor de mi parte.

El amor es el motor que mueve la vida y hace girar el mundo, aunque tampoco podemos dejar de lado otros sentimientos iguales o tan profundos como el amor, sean estos : felicidad, esperanza, fe, amistad, hermandad, etc. La vida, específicamente esta llena de altibajos, los cuales supero en algunos casos, pero en otros no.

La medianoche es la hora indicada para poder oír mis pensamientos locos y oír lo poco que me dice el corazón. No describo la medianoche como una hora maldita o bendita, porque los calificativos no creo que se apliquen a algo tan impalpable como es el tiempo. Hoy amanecerá para mí otro día más de trabajo y rutina personal, pero eso no es excusa para no compensar mi falta de sueño o mal sueño con algo de alegría.

Mi corazón esta negro pero solo es cuestión de tiempo para determinar si cambiará de color o seguirá igual de obscuro. El corazón puede cambiar positivamente, sin previo aviso, puede ser en la mañana, mediodía o medianoche, aún estoy a la espera de eso.

! Buenas Madrugadas!


6 de octubre de 2010

La noticia

Nada me impulsa a salir de mi habitación. El reloj suena, los pájaros cantan afuera y yo solo dejo que el tiempo siga su camino. Todos los días son lo mismo; el reloj despertador suena y no puedo apagarlo y solo me queda esperar que este se silencie de repente.

El frío carcome mis huesos mientras mi mirada se queda fija en la pantalla de televisión. Las mismas noticias de mierda recorren ese pequeño televisor.
El mundo se encuentra aprisionado en esa “caja boba” y todo se ve tan irreal, pero es tab real como lo que yo observaba al salir a la calle. Fuera de mi casa había más de lo mismo: coches bomba, violaciones, drogas, prostitución, violencia y muerte.

La casa está sola y extraño la presencia de mi familia en ella. Pero eso quedó atrás, ahora solo me acompaña mi amarga soledad dentro de aquel viejo lugar y lleno de deudas.

Todos los días me acerco a la puerta principal e intento recoger aquel periódico que diariamente alguien desliza debajo de aquella puerta, pero algún tipo de fuerza me impide tocarlo, pero si puedo leer un titular enorme que dice: “Alumno de la universidad privada San Pedro murió en un accidente automovilístico” Y “adornando” tan terrible noticia aparece la foto de un auto destrozado y el rostro desfigurado y ensangrentado de un hombre joven de 22 años.

¿Por qué siempre malas noticias en los periódicos y en la televisión?- Me pregunto, pero solo el silencio me acompaña como respuesta.

En esta desolada ciudad todos los días son grises al igual que las indeseables ratas que se han apoderado de todos los rincones de mi casa.

Pasan los días, y todo se repite. El aburrimiento se apodera de mí. Las mismas noticias se repiten en la televisión, todo parece parte de una pesadilla.

Los sobres siguen deslizándose bajo mi puerta, recibos de agua luz, teléfono y demás se siguen amontonando a la entrada del que alguna vez fue mi hogar. Ya he perdido la noción del tiempo. No sé cuánto tiempo llevo encerrado aquí.

¿Mamá…papá? - susurro, pero nadie responde. Solo el eco de mi voz retumba en las paredes.

Sentado al pie de mi cama, cubierta de sabanas polvorientas, mi mirada se fija nuevamente en aquel viejo televisor en blanco y negro. Y de repente este se apaga y en la pantalla solo queda reflejada la silueta de un joven. Y es en ese momento que maldigo a aquella mañana gris de invierno. Maldigo el titular del periódico, el reloj de mierda. Y finalmente maldigo al hijo de puta que manejaba aquel camión que se atravesó en mi camino cuando manejaba en dirección a la universidad y que me alejó para siempre de mi familia y amigos a la edad de 22 años.

El novel escritor

“En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces.”
Gabriel García Márquez - Escritor colombiano y premio nobel de Literatura


Miguel, a los 18 años de edad, descubrió que relatar historias era algo que le daba una gran satisfacción emocional. La universidad, una bodega, una pollería, inclusive un cementerio, entre otros lugares, se convirtieron en el escenario perfecto para cautivar a sus oyentes: familiares o amigos. Sus relatos hablados siempre esparcían la confusión en el ambiente; ¿era verdad o mentira lo que relató? Esa era la pregunta que siempre se hacían quienes lo escuchaban con una hipnótica atención. Y esta mezcla de suspenso y duda que producían sus relatos le fascinaba sobremanera.

A los 23 años de edad, cansado de estudiar una carrera que había “elegido” por obligación de sus padres, abandonó sus estudios universitarios dos años después de haber ingresado a la facultad de derecho. Era un buen alumno, con excelentes notas, pero sentía que la universidad no era lo suyo.

Poco tiempo después de abandonar la universidad encontró un trabajo. Algunos meses mas tarde abandonó su hogar y se mudó a un pequeño departamento, que no era gran cosa, pero en realidad era el lugar ideal y apacible que necesitaba para alejarse de las fuertes discusiones que tenían sus padres dentro y fuera de casa.

Su padre, quien aún creía que Miguel estudiaba en la universidad, le depositaba mensualmente dinero en el banco para financiarle sus supuestos estudios universitarios. Lo que no sabía su padre era que ese dinero era destinado a costear el alquiler del departamento de su hijo.

El departamento, ubicado en el primer piso de un vetusto edificio plomizo, era el lugar donde pasaba el tiempo escuchando música rock y leyendo libros de escritores famosos, principalmente novelistas. Aunque la actividad que más disfrutaba era escribir.

Cada vez que terminaba su trabajo diario como asistente administrativo en el área de documentación clasificada para reparto, es decir, cuando terminaba su jornada laboral como mensajero, caminaba rápidamente en dirección a su departamento, mirando cada 2 minutos su viejo reloj de pulsera, como si el tiempo fuera su peor enemigo. Su rutina diaria al llegar al edificio era subir lentamente las escaleras que lo conducían a la solitaria azotea ubicada en el piso 15. Sus compañeros infaltables eran unos enormes y potentes binoculares que colgaban de su cuello, además de una pequeña libreta amarilla y una grabadora reportera.

Una vez posicionado en la azotea, su recinto de inspiración literaria como solía llamarle, se sentaba en una vieja silla de mimbre desde donde observaba través de sus binoculares a una bulliciosa y caótica ciudad que deambulaba bajos sus pies. Su proceso creativo siempre empezaba al mediodía justo en el momento que prendía la grabadora para grabar el ruido distante de la calle.

Miguel le dedicaba muchísimo tiempo y esmero al arte de escribir. A pesar de esto no se consideraba un escritor y mucho menos un artista. Miguel solo se veía a si mismo como un loco aventurero que se había sumergido en el satisfactorio y embriagador mundo de las palabras.

Como poseído por una mano invisible, desde lo más alto del edificio, tomaba nota de todo lo que veía; apuntaba datos curiosos: desde el movimiento errático de la gente hasta los autos que transitaban velozmente por la avenida. Entre sus apuntes nunca faltaban personajes como: un policía coimero que detenía vehículos con el fin de quitarles plata a incautos choferes, un loco al que le faltaba una pierna que gritaba tonterías acerca del fin del mundo, una pareja de enamorados peleándose a mitad de la calle, un heladero en su triciclo que tocaba su trompetita o una señora con un bebé que no era suyo, al cual arrullaba entre sus brazos mientras pedía limosna para curar a su “hijo” enfermo.

Entre las pocas personas que veía salir del edificio siempre observaba con gran admiración a una hermosa joven. El sabía que ella vivía en el departamento 102 a pocos pasos del suyo. Era una joven de 24 años, 1.65cm de estatura, de ojos color café, cabello castaño, tez blanca, labios provocadores y un cuerpo de infarto, que muchas mujeres envidiarían.

Todos los días al mediodía la veía salir presurosa del edificio, sin rumbo conocido, perdiéndose en medio de los bocinazos de los autos y el bullicio de la gente. Se sentía fascinado no solo por su belleza evidente, sino también porque creía haberla visto años atrás. Sin embargo, no recordaba donde, ni cuando la había visto por primera vez.

En más de una ocasión intentó hablar con ella, sin embargo, su timidez lo paralizaba poco antes que su dedo tocara el timbre del departamento 102. Deseaba preguntarle cientos de cosas: empezando por su nombre y el lugar a donde se dirigía siempre con tanta prisa. Irónicamente, el lugar donde empezó a sentirla mas cerca era la azotea. Desde ahí le hablaba en voz baja mientras la observaba a través de sus binoculares; siempre le preguntaba quien era y a donde iba, pero como era lógico de esperarse siempre hallaba el silencio como respuesta.

Otro lugar donde la sentía cerca era en sus sueños. Había un sueño recurrente que tenía; era acerca de una boda donde ella siempre aparecía vestida con un hermoso traje de novia. Aquella mujer aparecía de pie frente al altar de una iglesia y flanqueada además por coloridos vitrales de arcángeles y unas cuantas imágenes de yeso. Su rostro estaba sutilmente cubierto con un velo blanco y translucido que dejaba ver una mirada apagada y llena de resignación, como si la boda fuera un sacrificio y no un compromiso espiritual de por vida entre dos personas que se aman. En contradicción a tal imagen, al lado de la novia, aparecía un novio elegantemente vestido que mostraba orgulloso una sonrisa de oreja a oreja.

Aquel sueño le sirvió de inspiración. Y esto se hizo evidente cuando un día de verano al mediodía, bajo la inclemencia de un sol sofocante, comenzó a escribir compulsivamente en el piso 15. Empezó a escribir al mediodía y terminó poco antes de la medianoche; las fuerzas lo abandonaron y finalmente se quedó profundamente dormido en el áspero y sucio suelo de cemento.

Al día siguiente despertó y se percató que tenía entre sus brazos unas hojas de papel; estaba echado en el suelo y abrazado a ellas como cuando un niño se abraza a un muñeco de peluche para poder dormir. Miró a su alrededor y recordó que, mientras dormía, había escuchado fuertes explosiones lejanas. Además sintió un fuerte olor a pólvora que había enrarecido el aire.

Conforme los primeros rayos solares de la mañana alumbraban su aún aletargado cuerpo, se fue librando de la confusión y pereza. Ordenó sus pensamientos y su mente le dijo que un año nuevo había llegado. Las explosiones que había escuchado eran los fuegos artificiales anunciando la llegada del año 2000.

En sus manos tenía 10 hojas de papel que describían un relato acerca de una enigmática mujer que se adentraba en los sueños de un joven escritor. Aquella mañana del 1 de enero del año 2000 el relato fue leído una y otra vez por el entusiasmado joven. Pensó en publicar dicha obra, pero la realidad le estalló en la cara cuando se dio cuenta que no contaba con el dinero suficiente para poder publicar dicho relato.

El hecho de no poder publicar su obra le creó una sensación de ansiedad y frustración. La falta de dinero, como en muchos aspectos de su vida, limitaron su capacidad de acción. El joven aprendiz de escritor sintió que un muro gigantesco se había levantado delante de él impidiéndole cumplir su sueño de ser escritor. El relato finalmente terminó, ese mismo día, archivado en una caja de zapatos junto a otros relatos que guardaba en su departamento.

Su sueño de ser escritor, conforme pasaban los meses, comenzó a apagarse poco a poco. Comenzó a pasar mayor tiempo encerrado en su departamento y sentado frente a un televisor. Se volvió adicto a los programas televisivos que mostraban noticias horrendas como: accidentes de toda índole, pobreza, asesinatos, violaciones, guerras, etc.

Cayó en una profunda depresión y comenzó a tomar pastillas para dormir. Comenzó a tener pesadillas acerca de su padre, donde este aparecía clavándole un puñal en la espalda mientras le decía que era un profesional fracasado, algo que sentía que no distaba mucho de la realidad.

Miguel sentía que había defraudado a sus padres al no seguir sus estudios en la universidad. Muchas veces, en medio de la obscuridad de la noche, despertaba con un sudor frío recorriendo su rostro. Luego se sentaba en un rincón de su habitación mientras se cuestionaba acerca de la idea de seguir escribiendo; pensaba que no valía la pena luchar por un sueño que tal vez nunca se realizaría : ser escritor.

Durante largo tiempo perdió todo contacto con el exterior, incluyendo cualquier tipo de comunicación por teléfono; el contestador automático llegó a saturarse con las llamadas telefónicas de sus padres. Había renunciado a su trabajo y también había perdido contacto consigo mismo; no entendía cual era el significado de su vida.

Una madrugada se levantó como un zombi y caminó lentamente al baño en busca de un fuerte analgésico. Se miró al espejo y vio a un hombre que desconocía por completo; tenía una barba tupida y gris, algunas canas en su cabello y una cara muy demacrada. Además vestía un pijama roto y salpicado de manchas de comida.

-¿Quien eres?- le preguntó al rostro reflejado en el espejo.

La respuesta no llegó, la razón se convirtió en locura y él estalló de ira. Luego, con un fuerte golpe de puño, rompió el espejo del baño. Cientos de pedazos cayeron al suelo junto con la sangre que brotaba profusamente de su mano derecha.

Permaneció de pie e inmóvil mientras observaba en el suelo su reflejo fragmentado y salpicado de sangre. De pronto un sonido desagradable lo sacó de su trance; el timbre del 101, su departamento, sonaba con insistencia. Pensó que tal vez era su padre, quien probablemente a estas alturas ya se había enterado de cual era el destino del dinero que le depositaba en el banco.

Inhalo y exhalo el olor a humedad que se había impregnado en las paredes del baño. Rápidamente, con cierto nerviosismo, se lavó las manos y la cara. Se dirigió lentamente hacia la puerta y grande fue su sorpresa al abrirla; frente a él estaba aquella mujer que amaba en silencio. Deseó en ese instante que la tierra lo tragase, pero era imposible dar marcha atrás.

Ahí estaba él con una facha horrenda; mezcla de pordiosero, loco y drogadicto. A pesar del aspecto que tenía, ella no mostró sobresalto alguno.

-Feliz cumpleaños, amigo- dijo ella, con mucha serenidad.

Esta frase lo dejo helado. El había olvidado que día era, pero aquella enigmática y hermosa mujer le había recordado la fecha más importante de su vida. Se sintió en las nubes al escuchar de su boca la palabra……amigo; una palabra que hacía mucho tiempo no escuchaba.

Ahí estaba ella, parada frente a él, luciendo una blusa rosada con flores estampadas y acompañada de un seductor escote que dejaba ver levemente las bellas formas de sus pechos. Además unas esculturales piernas eran reveladas gracias a una cortísima falda translúcida de color blanco.

La hermosura, de la joven e inesperada visita, contrastaba con el sombrío departamento del anfitrión. El departamento parecía que había sido sacudido por un terremoto o devastado por un huracán. El piso de la sala y comedor estaba saturado de revistas, libros y periódicos. La ropa sucia “adornaba” cada rincón de su habitación y baño; una media por aquí, un calzoncillo por allá, etc. Y la cocina era un muladar donde los platos sucios, colocados uno encima de otro dentro de un lavadero, servían de guarida de cucarachas.

Miguel sentía asco de si mismo y del lugar tan horrendo en el que se había convertido su domicilio. Al mirar ese lugar, casi en tinieblas y desaseado, sentía vergüenza de si mismo como si el departamento fuera el reflejo de lo que el era interiormente en ese momento de su vida.

-Estas en tu casa- le dijo, mientras hizo un ademán con la mano para que ella

entrara a su departamento. Luego se arrepintió de haberle dicho eso.

-¿Estás en tu casa? ¿Quien querría tener por casa un chiquero como este?- se dijo él en silencio.

Ambos, muy cerca uno del otro, se sentaron en un viejo y polvoriento sofá que era iluminado solamente por una luz blanca que salía tímidamente del baño.

-Disculpa que no te haya traído un regalo- dijo ella.

-¿Quién es esta bella mujer?- pensó.

De pronto la confundida mente de Miguel comenzó a aclararse al observar un pequeño cuadro situado delante de él y colocado encima de su vieja mesita de centro. Dicho cuadro encerraba una fotografía casi olvidada, en la cual aparecía él luciendo un horrible y plomizo uniforme escolar. En la fotografía aparecía acompañado de sus amigos del colegio “San José”; era la típica foto de promoción que te obligaban a tomar junto a tus compañeros de clase y profesores, sin excluir por supuesto al antipático director del colegio.

Miguel recordó que la fotografía fue tomada una semana antes de terminar sus estudios de secundaria en el colegio. En esa imagen aparecía rodeado de chicos y chicas adolescentes; entre los cuales identificó el rostro de María: una quinceañera con frenillos sujetos a sus blanquecinos dientes, tenía cabello lacio negro que se mostraba a manera de dos trenzas disparejas. Además tenía unos bellos ojos café escondidos detrás de unos lentes de gran grosor. “La chilindrina” era su apodo en aquel entonces. Él regordete y sonriente adolescente de la foto, situado a la derecha de María, era él.

-Que chistosa fotografía- dijo ella, mientras cogía el cuadro con sus delicadas manos.

-¿Cuál era el apodo que me pusiste?- preguntó ella.

-No recuerdo- dijo él con voz nerviosa y entrecortada

La inseguridad, miedo e incertidumbre, sensaciones que lo habían acompañado durante meses se fueron disipando. La timidez de Miguel se fue alejando y las palabras fluyeron libremente dando paso a una conversación muy amena. Ambos rieron, e inclusive lloraron de alegría, al recordar sucesos que habían vivido juntos y que creían haber olvidado.

Le costaba salir de su asombro al observar que esa chica tímida y nada atractiva del colegio se había convertido en la mujer tan hermosa y divertida que estaba a su lado. La mujer que veía como inalcanzable desde el piso 15 ahora estaba mas cerca de lo que nunca imaginó.

Ella, en medio de la conversación, se levantó del sofá e hizo algo inesperado. María corrió con violencia las cortinas que habían permanecido cerradas por varios meses. Los primeros rayos solares como lanzas de luz atravesaron las ventanas. Y el departamento se fue transformando en una especie de templo de adoración al astro rey. Cada rincón que había permanecido en penumbras se fue iluminando poco a poco.

El cuerpo y alma de Miguel comenzaron a contagiarse de la energía de un sol que no había visto durante muchísimo tiempo.
El viejo reloj de madera, que colgaba de la pared, fue alcanzado por la luz y reveló la hora exacta. Eran las 6:00 am y el tiempo de la visita había llegado a su fin. Un tímido beso en la mejilla, del embelesado joven, selló la despedida.

Mientras se alejaba del departamento, ella volteó lentamente y logró observar sobre su hombro derecho como una sonrisa de oreja a oreja se dibujaba en el rostro de su anfitrión. Miguel estaba muy feliz y sentía que había encontrado a la mujer de sus sueños.

Ese mismo día con un rostro totalmente cambiado, afeitado y limpio, subió a la azotea a la hora de siempre con el último relato que había escrito y guardado meses atrás en una vieja caja de zapatos. Sentado en su silla de mimbre pasó minutos, horas, días, semanas y meses corrigiendo algunas comas, tildes; agregando algunos párrafos y recortando otros. Con el transcurrir del tiempo, el relato se fue convirtiendo en novela.

Durante este tiempo de creatividad María estuvo junto a él, ya sea visitándolo por las noches en su departamento o acompañándolo en la azotea a plena luz del día. Ella se convirtió en una mágica y luminosa influencia en la vida y obra de este novel escritor. Y prueba de ello es que en la tercera página de su primera novela publicada se lee una dedicatoria que dice así:
“A María, mi dulce esposa. Mi hermosa chilindrina”.

Entradas antiguas Inicio
El Tintero Fantasma. Con la tecnología de Blogger.
 

Publicaciones Destacadas

 

Blogroll

Templates by Nano Yulianto | CSS3 by David Walsh | Powered by {N}Code & Blogger